domingo, 6 de julio de 2025

 

LENGUAJE, LENGUA Y DISCURSO: UNA MIRADA NEUROLINGÜÍSTICA DESDE EL TRABAJO, LA MANO Y LA MENTE HUMANA

 

Por Néstor Antonio Pardo Rodríguez

Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo

Titulado por la Universidad Nacional de Colombia

nestorpardo2000@yahoo.com             https://orcid.org/0000-0001-7257-6824

 

Resumen:

Este artículo aborda la diferenciación conceptual entre lenguaje, lengua y discurso, desde una perspectiva neurolingüística y fonoaudiológica, en conexión con la evolución de la mano, el trabajo y la expansión cortical humana. Se revisan aportes clásicos y contemporáneos, así como hallazgos de neuroimagen funcional que evidencian la distribución de los sistemas cerebrales implicados en el lenguaje. Se argumenta que el lenguaje es una facultad neuropsicológica de base evolutiva, mientras que la lengua es un sistema culturalmente heredado y el discurso una manifestación situada. La articulación de estos niveles es fundamental para comprender el desarrollo humano y orientar prácticas clínicas inclusivas desde la Terapia del Lenguaje / Fonoaudiología.

Palabras clave: lenguaje, neurolingüística, fonoaudiología, mano, corteza prefrontal, discurso, lengua, evolución cerebral.

Introducción

Aristóteles sostuvo que el ser humano no es inteligente porque tiene manos, sino que tiene manos porque es el más inteligente de los seres. Esta afirmación trasciende lo filosófico y se instala hoy en el campo neurocientífico como una evidencia evolutiva: la mano fue catalizador del desarrollo cerebral y del lenguaje. La manipulación de objetos, la construcción de herramientas y la progresiva complejización de las acciones humanas generaron condiciones estructurales para la emergencia del sistema simbólico verbal (Herrera, 2003; Damasio, 2010).

En este marco, la diferenciación entre lenguaje, lengua y discurso no es sólo semántica, sino epistemológica y clínica. Comprender sus interrelaciones permite fundamentar el abordaje terapéutico de las alteraciones comunicativas desde una visión integral del ser humano como cuerpo, mente y cultura.

En el campo de la Fonoaudiología y la Neurolingüística, la precisión conceptual no es un mero asunto terminológico: es una responsabilidad clínica, ética y humana. Diferenciar lenguaje, lengua y discurso es vital para comprender adecuadamente las dificultades comunicativas en personas con condiciones neurodivergentes como el síndrome de Down, los trastornos del espectro autista (TEA) o las afasias adquiridas. Confundir estos niveles puede derivar no sólo en diagnósticos erróneos, sino en intervenciones desacertadas que comprometen el desarrollo cognitivo, la integración social y la dignidad misma del sujeto.

El lenguaje, como facultad neuropsicológica y biológica, es una capacidad mental estructurada en redes neuronales distribuidas que permiten la simbolización, la intencionalidad comunicativa y la articulación del pensamiento. Esta capacidad es independiente del código particular —la lengua— que se adquiera, o del uso situado —el discurso— que se realice en contextos específicos. Sin embargo, en la práctica clínica y educativa, es común que se atribuyan las dificultades comunicativas a la falta de vocabulario, a una articulación defectuosa o a un conocimiento insuficiente de la gramática, dejando de lado los procesos superiores del sistema nervioso central que verdaderamente configuran la función lingüística.

Este error de enfoque es especialmente grave cuando se trabaja con niños con síndrome de Down, quienes pueden presentar un discurso interno más desarrollado que su expresión verbal, o con personas autistas, cuya comprensión simbólica y pragmática suele estar profundamente comprometida a nivel cortical y no en la mera producción de sonidos. En las afasias, una evaluación centrada exclusivamente en la emisión mecánica de palabras puede invisibilizar afectaciones en la planificación discursiva, la coherencia narrativa o la función ejecutiva del lenguaje, gobernadas por áreas como la corteza prefrontal.

No reconocer que el lenguaje va más allá de las áreas de Broca y Wernicke, y que involucra sistemas complejos de integración sensorial, emocional, cognitiva y motora, es minimizar el fenómeno humano más profundo: el de construir sentido y comunicarlo a otros. Diagnosticar sin esta claridad conceptual no solo limita la eficacia del tratamiento, sino que puede condenar a la persona a una forma de exclusión simbólica, donde se confunde su dificultad con una incapacidad, y se limita su derecho a expresarse, a ser escuchado, y a formar parte activa de su entorno.

Por ello, urge una mirada integral y diferenciada que articule los aportes de la neurociencia, la filosofía del lenguaje y la praxis fonoaudiológica, para intervenir con responsabilidad, sensibilidad y precisión. Porque no se trata solo de enseñar a hablar, sino de comprender cómo se organiza el pensamiento, cómo se construye la intención y cómo se hace presente el sujeto a través de su voz, su gesto o su silencio.

Lenguaje: una red neurofuncional distribuida

Desde una perspectiva neurolingüística, el lenguaje es una función cerebral compleja que emerge de la interacción entre factores genéticos, epigenéticos, sociales y culturales. Se articula a través de una red de regiones corticales y subcorticales que integran la percepción, la planificación, la emoción y la acción (Damasio, 1996; De Conde, 1984; Spirkin, 1962).

Las áreas clásicas de Broca y Wernicke, descubiertas en el siglo XIX, dieron origen a un modelo afasiológico centrado en la localización. No obstante, investigaciones recientes con técnicas de imagen funcional (fMRI, PET, tractografía por DTI) han evidenciado que el lenguaje se sostiene en un sistema distribuido que incluye (Friederici, 2011):

Corteza prefrontal dorsolateral y medial, esencial en la planificación discursiva y la autorregulación de la expresión.

Áreas temporoparietales (superior e inferior), responsables de la integración fonológica, auditiva y semántica.

Sistema subcortical (tálamo, ganglios basales, cerebelo), que modula la prosodia, la fluidez y el control motor del habla.

Conectividad por el fascículo arqueado, que vincula regiones anteriores y posteriores del lenguaje.

Las imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) han demostrado que, durante tareas lingüísticas, la activación cerebral no se limita a las regiones perisilvianas del hemisferio izquierdo, sino que compromete áreas bilaterales, especialmente en comprensión de metáforas, ironías o discurso emocional (Binder et al., 2009).

Además, estudios con tractografía han identificado múltiples vías de conexión entre zonas del lenguaje, como el fascículo fronto-occipital inferior y el fascículo uncinado, fundamentales en la asociación de significados y la coherencia discursiva (Catani & Mesulam, 2008).

La corteza prefrontal en el lenguaje y el discurso: entre la planificación, la escucha activa y la acción comunicativa

La corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC) y la ventromedial (VMPFC) han sido reconocidas como zonas implicadas en la anticipación, memoria de trabajo, regulación emocional y metacognición. En relación con el lenguaje, esta región no produce directamente unidades lingüísticas, pero permite su planificación secuencial, selección semántica, y coherencia discursiva (Friederici, 2011; Damasio, 1996).

La planificación de lo que se va a decir —el acto locutivo anticipado— involucra una coordinación jerárquica entre la corteza prefrontal y los circuitos temporo-parietales del lenguaje. Esta región actúa como “arquitecta del discurso”, organizando intenciones, evaluando contextos, inhibiendo enunciados inadecuados, y facilitando una narrativa coherente con el entorno interpersonal y social.

Escucha activa: empatía, cognición y lenguaje

La escucha activa, entendida como un proceso más allá de la percepción auditiva, requiere un delicado equilibrio entre procesamiento bottom-up (sensorial) y top-down (cognitivo-emocional). La corteza prefrontal medial y orbitofrontal se activan durante tareas de perspectiva mental y teoría de la mente, especialmente al interpretar intenciones ajenas en contextos comunicativos (Frith & Frith, 2006). Estas funciones permiten la escucha empática (captar el estado emocional del interlocutor) y la escucha cognitiva (comprender la lógica del discurso y su intención pragmática).

Desde la Fonoaudiología, entender estos procesos es clave para abordar trastornos del lenguaje en los que no existe daño perisilviano evidente, pero sí disfunciones ejecutivas que afectan la interacción comunicativa.

Aplicaciones clínicas y educativas

La Fonoaudiología tiene la responsabilidad urgente de reconocer el papel de la corteza prefrontal permite enriquecer los enfoques terapéuticos, especialmente en población con alteraciones del discurso (como en TDAH, afasias frontales, TEA o demencias frontotemporales). Igualmente, el desarrollo de competencias discursivas en la infancia requiere no solo el dominio de vocabulario o gramática, sino también el fortalecimiento de habilidades de regulación emocional, atención sostenida y planificación cognitiva.

Educativamente, se debe fomentar la metacognición, la argumentación reflexiva y la escucha empática, promoviendo una interacción comunicativa ética, crítica y socialmente situada.

La mano y el trabajo como motores del lenguaje

La evolución del lenguaje está íntimamente ligada al desarrollo de la mano como órgano de exploración y acción. Las primeras herramientas —piedras, lanzas, raspadores— fueron extensiones funcionales de la mano humana, lo cual exigió un incremento en la capacidad visomotora, secuencial y simbólica del cerebro (Vergara, 1990).

Este vínculo entre manipulación y simbolización ha sido documentado por neurocientíficos que muestran que áreas cerebrales implicadas en el uso de herramientas (como la corteza parietal inferior) se solapan con regiones lingüísticas, sugiriendo una base común evolutiva (Rizzolatti & Arbib, 1998). En este sentido, el lenguaje no es ajeno al cuerpo: nace de la acción, y se organiza a partir de estructuras neurobiológicas forjadas por el trabajo (Herrera, 2003).

La Fonoaudiología, al reconocer la importancia del período de aprestamiento grafomotor en el aprendizaje de la lectura y la escritura, no puede aislar la mano del resto del ser humano. El desarrollo del lenguaje requiere del cuerpo en su totalidad: manos, mirada, oído, afecto y memoria (Pardo, s.f.).

Lengua: estructura sociocultural heredada

A diferencia del lenguaje, la lengua es un sistema estructurado y convencional de signos que se hereda por transmisión sociocultural. Como lo plantea Rossi-Landi (1970), ningún ser humano crea por sí mismo una lengua; esta es el resultado de siglos de interacción social, selección cultural y evolución semiótica.

El niño no inventa la lengua: la aprende por inmersión en su contexto, apropiándose de formas fonológicas, léxicas, gramaticales y discursivas que le permiten dar sentido al mundo (Miller, 1979). Rojas (1989) la describe como un sistema articulado de significantes y significados, mediador entre el pensamiento individual y la comunicación social.

Para el Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo, esto implica que las alteraciones en el desarrollo del lenguaje y el acceso, procesamiento o producción del discurso a través del uso creativo de la lengua deben analizarse a la luz de los contextos sociales, lingüísticos y culturales en que se desarrollan los sujetos.

Lenguaje como facultad neurolingüística vs. discurso como acción comunicativa

El lenguaje, desde la Neurolingüística, es una facultad neuropsicológica que emerge de una red interconectada de áreas cerebrales que incluye estructuras límbicas, sensoriomotoras, temporales y frontales. Esta red se consolida a través de la evolución filogenética y el aprendizaje ontogenético, habilitando al ser humano para adquirir una lengua natural y organizar el pensamiento simbólico.

Por otro lado, el discurso es un acto situado, temporal, social y pragmático. Charles Sanders Peirce, desde la semiótica triádica, consideró que el signo lingüístico sólo tiene sentido en una relación dinámica entre objeto, signo e interpretante. Así, el discurso no es solo código, sino interpretación situada. A su vez, Austin (1962) destacó que hablar es hacer cosas con palabras, es decir, que cada enunciado posee una fuerza ilocutiva (intención), perlocutiva (efecto) y locutiva (contenido literal), elementos que dependen directamente del control consciente del hablante, planificado por estructuras prefrontales.

Esto sugiere que el discurso, más que una secuencia de signos es una práctica intencional y contextualizada que implica agencia y responsabilidad. Su elaboración requiere integrar memoria semántica, conocimientos socioculturales, teoría de la mente y habilidades ejecutivas, todas reguladas desde la corteza prefrontal.

Desde la Terapia del Lenguaje / Fonoaudiología, evaluar y estimular la competencia discursiva implica trabajar con la totalidad del sujeto: su planificación cognitiva, su memoria, su capacidad de escucha, su percepción del otro y su adecuación al entorno.

Finalmente, el discurso representa la manifestación exteriorizada del lenguaje. Es decir, su uso efectivo en contextos específicos con fines comunicativos. Desde Austin (1962) y Habermas (1984), se ha comprendido que hablar es actuar: todo discurso está cargado de intención, de propósito y de posicionamiento.

El análisis del discurso permite abordar aspectos como:

La pragmática (uso funcional del discurso, con base en la facultad del lenguaje).

Las modalidades comunicativas: oral, escrita, gráfica, gestual / kinésica, digital.

La estructura narrativa, argumentativa, expositiva, etc.

La adecuación contextual y sociocultural de la comunicación.

Conclusión

Lenguaje, lengua y discurso no son términos intercambiables, sino niveles interrelacionados que expresan la complejidad de la comunicación humana. El lenguaje es una función neurobiológica y evolutiva, la lengua un sistema sociocultural, y el discurso la expresión activa y situada del pensamiento.

El abordaje clínico y educativo del lenguaje, desde la Terapia del Lenguaje / Fonoaudiología y la Neurolingüística, requiere considerar estos tres niveles de manera integrada, reconociendo el papel fundamental de la mano, del cuerpo, del entorno y del cerebro en la constitución del ser hablante.

El lenguaje humano no puede reducirse a la dicotomía de Broca y Wernicke, ni a un simple intercambio de signos codificados. Es una manifestación superior de la evolución biológica, cultural y social, anclada en la complejidad cerebral, proyectada en la acción de la mano, y construida históricamente a través del trabajo y la interacción. Comprenderlo desde la Neurolingüística y la Fonoaudiología exige abandonar modelos reduccionistas y asumir su carácter distribuido, multisistémico y ecológico.

La distinción entre lenguaje, lengua y discurso no es un lujo teórico, sino una necesidad práctica que transforma la forma en que diagnosticamos, intervenimos y educamos. El lenguaje es potencial biológico, la lengua es herencia cultural y el discurso es acción situada. Ignorar esta tríada conduce a errores de evaluación y abordaje en contextos clínicos, escolares y sociales.

En un mundo marcado por la diversidad, la plasticidad cerebral y la transformación constante de las formas de comunicación, urge una praxis terapéutica y pedagógica que reconozca la dimensión corporal, simbólica y contextual del lenguaje. Como terapeutas del lenguaje / fonoaudiólogos, no tratamos órganos ni síntomas aislados, sino sujetos que se construyen en el habla, en el gesto, en el vínculo.

Este llamado no es sólo académico, es ético: avanzar hacia un enfoque neurolingüístico del lenguaje es apostar por una humanidad más consciente de su poder de nombrar, representar, construir realidades… y también de transformarlas.

Referencias

Austin, J. L. (1962). How to do things with words. Oxford University Press.

Binder, J. R., Desai, R. H., Graves, W. W., & Conant, L. L. (2009). Where is the semantic system? A critical review and meta-analysis of 120 functional neuroimaging studies. Cerebral Cortex, 19(12), 2767–2796. https://doi.org/10.1093/cercor/bhp055

Borden, G. J., & Harris, K. S. (1980). Speech science primer: Physiology, acoustics, and perception of speech. Lippincott Williams & Wilkins.

Catani, M., & Mesulam, M. M. (2008). The arcuate fasciculus and the disconnection theme in language and aphasia: history and current state. Cortex, 44(8), 953–961. https://doi.org/10.1016/j.cortex.2008.04.002

Damasio, A. (1996). El error de Descartes. Crítica.

Damasio, A. (2010). Y el cerebro creó al hombre. Destino.

De Conde, D. (1984). Neuropsicología del desarrollo infantil. Manual Moderno.

Duque, P. J. E., Marulanda, G. J. D., & Chavezel, J. G. (2023). Área del lenguaje articulado, perspectiva histórica y denominación epónima equívoca: Entre Dax y Broca. International Journal of Morphology, 41(3), 910-914. https://doi.org/10.4067/S0717-95022023000300910

Friederici, A. D. (2011). The brain basis of language processing: From structure to function. Physiological Reviews, 91(4), 1357–1392. https://doi.org/10.1152/physrev.00006.2011

Habermas, J. (1984). Teoría de la acción comunicativa. Taurus.

Herrera, L. (2003). Procesamiento cerebral del lenguaje: Historia y evolución teórica. Revista de la Facultad de Medicina, 51(2), 109–120.

Lublianskaia, A. R. (1980). Psicología infantil. Editorial Progreso.

Miller, G. A. (1979). Psicología del lenguaje. Trillas.

Rizzolatti, G., & Arbib, M. A. (1998). Language within our grasp. Trends in Neurosciences, 21(5), 188–194. https://doi.org/10.1016/S0166-2236(98)01260-0

Rojas, J. (1989). Lenguaje, comunicación y sociedad. UPN.

Rossi-Landi, F. (1970). Lenguaje como trabajo y como comercio. Siglo XXI.

Sawyer, D. J., & Butler, K. G. (1991). Phonological awareness and reading acquisition. In S. A. Brady & D. P. Shankweiler (Eds.), Phonological processes in literacy (pp. 157–188). Lawrence Erlbaum.

Spirkin, A. (1962). Fundamentos del materialismo dialéctico. Progreso.

 Vergara, R. (1990). La audición humana y la evolución. Manuscrito no publicado.

domingo, 3 de mayo de 2015

Ruido y Aprendizaje

"LOS EFECTOS DEL RUIDO SOBRE LA SALUD, EL LENGUAJE Y EL APRENDIZAJE ESCOLAR"

Por: Néstor Antonio Pardo Rodríguez
Terapeuta del Lenguaje / Fonoaudiólogo
Universidad Nacional de Colombia
fonoleng@gmail.com

PALABRAS PRELIMINARES

La familia y la escuela, como toda institución social,  son sistemas de comunicación. A su vez, las habilidades lingüísticas y comunicativas constituyen el fundamento de todo aprendizaje y un prerrequisito esencial para un buen desempeño académico, para desarrollar habilidades sociales, para llegar a ser ciudadanos responsables y desempeñarse productivamente en el mundo del trabajo.

El Terapeuta de la Comunicación / Fonoaudiólogo se encarga, entre otras alternativas, de contribuir a la optimización de las competencias comunicativas de todos las personas, partiendo desde los bebés; prevenir el desarrollo de desórdenes comunicativos, atender a los estudiantes, cuyo progreso educativo, social y/o personal, es afectado adversamente por dificultades comunicativas (desórdenes, retrasos o variaciones); investigar las relaciones entre los procesos comunicativos del hombre, normales y alterados, y los procesos educativos: y ofrecer asesoría a todos los miembros de la comunidad educativa y general.

Durante una conferencia de prensa en Parliament Hill, la Asociación Canadiense de Habla y del Lenguaje patólogos y audiólogos (CASLPA) alertó a los padres de que un ruidoso salón de clase puede afectar a la capacidad de un niño para aprender. Este es el tema a desarrollar: La Relación entre Ruido y Problemas de Aprendizaje, Audición y Salud en General.

RUIDO, LENGUAJE Y CALIDAD DE VIDA

Entre los muchos estudios publicados recientemente se ha encontrado que muchas aulas (la mayoría en Latinoamérica) poseen mala calidad acústica y que los niños a menudo trabajan en el aula soportando niveles superiores a la norma y peligrosos para su salud. (Rubin, Flagg-Williams Russell y Aquino, agosto de 2007). 

"Es esencial para los padres saber que el ruido en las aulas tiene el potencial de afectar negativamente el aprendizaje de los niños, especialmente para los niños con problemas de aprendizaje, pérdida de audición o de los que aprenden un segundo idioma", indica André Lafargue, audiólogo de New Brunswick "y lo que es más importante, que puede mejorarse la acústica en el aula a fin de maximizar el aprendizaje."

Terapeutas de la Comunicación / Fonoaudiólogos advierten a los profesores que, en virtud de las condiciones acústicas pobres, deben ajustar su discurso para no afectar su voz y los estudiantes puedan comprenderlo. 

Si existe un problema de escucha durante el primer año de vida antes de que el niño adquiera las funciones motoras; puede afectar el desarrollo posterior del lenguaje. Así mismo, puede ser la causa de un retraso, lentitud o torpeza para sentarse, pararse, gatear y caminar.

Es necesario saber que los niños pequeños, que aún no comprenden bien los mensajes lingüísticos, son extremadamente sensibles a la manera en que estos mensajes son expresados. Así pues, la entonación y la inflexión de la voz se vuelven muy importantes. La misma información puede ser "traducida" por el niño en formas muy distintas de acuerdo a cómo fue dicha. "Dame eso", puede ser dicho de muchas maneras; algunas invitan a que el niño obedezca alegremente, y otras, en cambio, pueden provocar un rechazo total.

El ambiente sonoro tiene mucha influencia sobre la capacidad de escuchar, porque el niño "se entrena" a escuchar los sonidos que percibe o sea a enfocar su atención sobre lo que desea. Esto significa que los sonidos distorsionados y/o saturados emitidos por radios o grabadoras de mala calidad pueden afectar gravemente la habilidad de escuchar del niño.

Si el medio sonoro es demasiado fuerte, el niño se ve obligado a protegerse y deja de escuchar. El efecto negativo de los sonidos fuertes es independiente de la calidad del receptor.

La televisión también puede ser perjudicial para el desarrollo de la capacidad de escuchar. Cuando esta encendido el televisor, nadie más habla en casa; se interrumpe la comunicación y la motivación para comunicarse. Además, el niño "ve" la televisión: no necesita escuchar con cuidado para comprender la información. Esta solución tan fácil es quizás la razón por la cual la televisión es tan popular entre los niños.

Muchos niños de nuestra actual era presentan limitaciones en sus capacidades para aprehender la información auditiva, debido a la interferencia del ruido en los hogares, las guarderías, los centros de estimulación y colegios. Más allá de los obvios problemas asociados con la pérdida auditiva, están aquellos que involucran el procesamiento de la señal del habla (abstracción u organización de la información). Parece que tales niños adquieren el lenguaje más lentamente y por lo general experimentan también dificultades al aprender a leer (deHirsch, 1961; Menyuk, 1976).

Además el grueso de la población está comenzando a sufrir trastornos auditivos. Esto se ve reflejado en la necesidad que tienen de subir el volumen al televisor, hablar en voz más alta de lo normal y solicitar a menudo que les repitan las instrucciones.

Por otra parte, los niños que duermen en ambientes ruidosos pueden estar excesivamente cansados para rendir en el colegio al día siguiente y serán incapaces de realizar adecuadamente sus tareas cotidianas. Si la situación se prolonga, el equilibrio físico y psicológico se ven seriamente afectados. En ciertos casos las consecuencias serán duraderas, por ejemplo, los niños sometidos a altos niveles de ruido durante su edad escolar no sólo aprenden a leer con mayor dificultad sino que también tienden a alcanzar grados inferiores de dominio de la lectura.

En la mayoría de salones de clase de América Latina, la clasificación de la inteligibilidad de la voz es del 75% o menos inclusive. Esto quiere decir que los estudiantes con capacidad auditiva normal sólo entienden el 75% de las palabras escuchadas y leídas. Es decir, una de cada 4 palabras que emite el profesor, 1 no se capta, ni se entiende. Está es la realidad que enfrentan los estudiantes de un alto porcentaje de colegios, escuelas y universidades en todo el país.

En zonas cercanas a aeropuertos o con tráfico continuo de aviones, por cada cinco decibelios de ruido aéreo los niños pueden retrasarse hasta en dos meses su edad de aprendizaje

Observamos que los salones que dan a la calle tienen un factor dispersante importante y los niños una mayor inquietud, incidiendo directamente en el área educativa, ya que se altera la comunicación, sobre todo con los ruidos de impacto, tales como bocinas, caños de escape libres, propaganda callejera, etc.

Los estudiantes también elevan el volumen de su voz, los maestros deben repetir reiteradas veces su mensaje, con el consiguiente esfuerzo vocal y pérdida de tiempo. Algunos maestros presentan disfonías o ronqueras frecuentes.

La sensación de malestar procede no sólo de la interferencia con la actividad en curso o con el reposo sino también de otras sensaciones, menos definidas pero a veces muy intensas, de estar siendo perturbado. Las personas afectadas hablan de intranquilidad, inquietud, desasosiego, depresión, desamparo, ansiedad o rabia.

Es evidente que cuando la realización de una tarea necesita la utilización de señales acústicas, el ruido de fondo puede enmascarar estas señales o interferir con su percepción. Por otra parte, un ruido repentino producirá distracciones que reducirán el rendimiento en muchos tipos de trabajos, especialmente en aquellos que exijan un cierto nivel de concentración. En ambos casos se afectará la realización de la tarea, apareciendo errores y disminuyendo la calidad y cantidad del producto de la misma.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DE INTERNET

Berglund, Birgitta - Lindvall, Thomas (Eds.). "Community Noise. Document prepared for the World Health Organization". Archives of the Center for Sensory Research, Stocholm University and Karolinska Institute Volume 2, Issue 1, 1995.

DIMATÉ, Cecilia y ARCILA, Myriam. Repitencia escolar. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2003

Evans GW, Lepore SJ. Nonauditory effects of noise on children. Children’s Environ 1993; 10: 31–51

FAJARDO, Luz y MOYA, Constanza. Fundamentos neuropsicológicos del lenguaje. Ediciones Universidad de Salamanca e Instituto caro y Cuervo, Salamanca, 1999.

FLÓREZ, Rita. Editora. El lenguaje en la educación: una perspectiva fonoaudiológica. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2004   

ISO. "Acoustics - Determination of occupational noise exposure and estimation of noise-induced hearing impairment". International Organization for Standardization, International Standard ISO 1999-1990 Geneva, Suiza,1990.

Moch, Annie. "Los efectos nocivos del ruido". Colección Nueva Paideia, Editorial Planeta, Barcelona, 1986.
British Medical Bulletin 68:243-257 (2003) http://bmb.oxfordjournals.org/cgi/content/full/68/1/243


Fiberletter Año 04 No. 5

International Journal of Epidemiology 2001;30:839-845 http://ije.oxfordjournals.org/cgi/content/full/30/4/839

Nursing Spectrum